28 mil niños venezolanos migrantes han cruzado por el Urabá

◉ Unicef informó que se ha incrementado la presencia de niños de uno a cinco en los centros de recepción de migrantes en las fronteras con Colombia y Costa Rica, y en la Ciudad de Panamá

EL VENEZOLANO COLOMBIA | EL NUEVO SIGLO

“En los centros, Unicef provee agua segura para beber, implementos de higiene personal, atención psicosocial y servicios de salud materno-infantil para miles de niños y niñas y mujeres embarazadas en movilidad, así como a las comunidades de acogida que viven en pobreza extrema”, afirmó la representante del ente de la ONU en Panamá, Sandie Blanchet.

“La violencia, la pobreza y la esperanza por encontrar mejores condiciones de vida empujan a las familias con niños a abandonar sus hogares y enfrentar amenazas en áreas inhóspitas como el tapón del Darién”, dijo, por su parte, la directora ejecutiva adjunta de Unicef, Hannan Sulieman, durante una visita a la ERM de Lajas Blancas, en la provincia panameña del Darién.

Sulieman señaló que “en Panamá, como en muchos otros países, el incremento acelerado en el número de niños migrando sobrecarga la capacidad del Estado para proveer servicios básicos de respuesta a sus necesidades específicas”, por lo que “Unicef hace un llamado a todos los gobiernos a tomar acciones para proteger a la niñez migrante, sin importar su origen”.

Bajo este panorama, la Iglesia venezolana también se mostró preocupada por el alto índice de niños migrantes que están en el Urabá, como lo expresó el presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, Jesús González de Zárate, quien dijo que por lo menos 28 mil niños han cruzado la frontera a través del tapón del Darién.

 ¿Cómo le fue en el encuentro sobre el tema migratorio en Apartadó, Antioquia?

JESÚS GONZÁLEZ DE ZÁRATE: Fue una experiencia muy aleccionadora. Tuvimos la oportunidad de contactar directamente con los migrantes, en el caso nuestro con los venezolanos, pero pudimos ver a los migrantes de otras naciones de África y de América, que están allí presentes. También tuvimos la oportunidad de compartir con las diversas organizaciones de la Iglesia y con las organismos multilaterales y otras oenegés que atienden esta realidad de la migración tanto en Necoclí como en Apartadó, y de esa manera tuvimos una comprensión más profunda del fenómeno que es una realidad actual del mundo, pero que evidentemente afecta de modo muy particular a nuestra patria, Venezuela.

ENS: ¿Cuál es el porcentaje de migrantes en esta zona del país?

JGZ: Nos han hablado de que en los primeros 10 meses del año han pasado por allí más de 160 mil migrantes, de los cuales 133 mil serían venezolanos. Una de las cosas que más llama la atención y golpea, es que un porcentaje muy grande de ellos son niños, más de 28 mil han cruzado por Necoclí. Vimos, en efecto, muchas familias, particularmente las venezolanas, con tres y cuatro niños, o adolescentes, esperando poder cruzar o siendo beneficiados por los programas de atención que allí existen.

El llamado

ENS: ¿Cuál es el llamado que usted les hace a los gobiernos de Colombia y de Venezuela?

JGZ: Es un problema muy complejo, que hay que asumirlo también desde las instancias gubernamentales. La mayor parte de los entes que están allí son multilaterales, de los organismos de las Naciones Unidas y de otras asociaciones privadas. Es necesario que todos tomemos conciencia. También nosotros en la Iglesia queríamos en ese sentido hacer este signo de comunión entre las iglesias de los dos países. Tenemos que asumir esto porque primero la movilidad es un derecho humano, es una realidad actual, que se hace cada vez más presente.

Hay que garantizarles a las personas que están allí sus derechos, porque también están sometidos a intereses particulares. Hay posibilidad de que a esos niños y a esas mujeres se les vulneren sus derechos y muchos han muerto también en el intento. Entonces los Estados implicados tienen que tomar esta realidad, y no pueden permanecer indiferentes ante una situación tan compleja y que se debe abordar desde diversas perspectivas.

ENS: ¿Qué beneficios ha traído el restablecimiento de relaciones comerciales entre Colombia y Venezuela?

JGZ: La apertura de relaciones favorece principalmente a las poblaciones de frontera, que tienen mucha cercanía familiar, comercial y que hasta el momento se veían limitadas en la posibilidad del ejercicio de esas relaciones. Todavía es muy pronto para poder dar un balance sobre los beneficios de la migración, pero los estudios dicen que la migración venezolana, más que ser grandes números de nuevas migraciones, son personas que salen por las políticas que se han tomado en algunos países.

Ahora es una migración que viene de otras naciones; es decir, muchos de estos que pasan por allí, por el Urabá, son personas que buscan mejores condiciones que las que tenían en sus países, porque también han cambiado las políticas migratorias en esas naciones y los factores económicos, que provocan que existan nuevas formas de migración, no solo venezolana, sino también de otros países de América.

Garante

ENS: ¿Cómo ve el hecho de que Venezuela sea el garante de las conversaciones con el Eln?

JGZ: El concurso del gobierno de Venezuela es fundamentalmente por el hecho de que el Eln está en Venezuela. También nosotros tenemos los efectos de la presencia de ese grupo guerrillero en nuestro país, con todas las consecuencias que eso lleva consigo. Si eso puede realmente favorecer a que haya una paz, no solo en Colombia, sino también en Venezuela, ojalá que así sea.

ENS: ¿Cuáles son sus expectativas por los diálogos que se reanudaron entre la oposición y el gobierno de Venezuela?

JGZ: La Iglesia siempre ha favorecido el encuentro, el diálogo, la reconciliación, porque los problemas de los venezolanos tienen que arreglarse con el concurso de todos. El diálogo tiene que ser, como muchas veces se ha dicho, concreto; es decir, con objetivos bien definidos, con un seguimiento, de modo que se puedan ver los resultados efectivos de esas conversaciones.

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