Colombianos que luchan contra el rechazo a los venezolanos

• El rechazo empeoró este año con la aparición de la pandemia de COVID-19, de acuerdo con una encuesta publicada por el proyecto Migración Venezuela

EL VENEZOLANO COLOMBIA | EL ESPECTADOR

A pesar de que en nuestro país aumenta el sentimiento negativo con los que llegan de Venezuela, hay gente que decidió darles una oportunidad. Estas son dos experiencias de ayuda e integración.


A finales del año pasado, una encuesta de Invamer reveló el creciente rechazo que los colombianos sienten hacia los migrantes venezolanos. El estudio evidenció que un 62 % de los colombianos no estaban de acuerdo con que el Gobierno acogiera a ciudadanos venezolanos y, además, mostró que el 69 % tenían una opinión desfavorable de ellos.

Situación que empeoró este año con la aparición de la pandemia de COVID-19. El rechazo hacia los migrantes creció, de acuerdo con una encuesta publicada por el proyecto Migración Venezuela. Los resultados muestran que el 71 % de los colombianos encuestados consideran que el migrante aumenta la pobreza; el 64 % están convencidos de que son una carga para el Estado y apenas un 28 % los ven como una oportunidad para el desarrollo.

En ese pequeño grupo resaltamos dos ejemplos: Marta Duque, de Pamplona (Norte de Santander), que acoge a caminantes venezolanos en su casa desde 2017, un año después del comienzo de la crisis migratoria en Colombia y, los afiliados de Coagronorte, una cooperativa Agropecuaria de Norte de Santander, que agrupa a más de mil familias colombianas, pero que hoy da empleo a la población venezolana.

Marta Duque: “La humanidad está por encima de la legalidad”

Mi casa es un paso obligado porque está a la entrada de Pamplona y hace unos años empecé a ver cómo llegaban buses repletos de venezolanos. Esos primeros grupos era gente que no llegaba tan pobre, tenían dinero para pagar una comida o un hospedaje. Pero después empezó a llegar gente caminando, mujeres y niños en otras condiciones, sin un peso.

Una noche, cuando la temperatura llegaba a los 8° centígrados, vi por la ventana cómo temblaban de frío… Abrí una caseta de madera en donde guardamos el carro por las noches y los resguardé ahí, pero eso se repitió las siguientes noches y los dejé quedar a dormir ahí; el garaje se volvió un refugio.

Como las condiciones en que llegaban eran tan duras, armé un fogón en la calle y puse una olla para hacer sopa con lo que me regalaban, pero los vecinos se quejaron y las autoridades comenzaron a decirme que no podía seguir haciendo eso porque me iban a poner multas y sanciones penales.

A pesar del rechazo y la xenofobia contra ellos, seguí dándoles un plato de sopa o lo que podía, entonces llegaron organizaciones y me dieron unos camarotes, colchones y comida.

Llegamos a atender hasta 1.500 personas en un día con historias muy duras: mujeres embarazadas que perdían a sus bebés por las caminatas, niños desnutridos que morían en el páramo, bebés que no resistían el viaje, hombres y mujeres atropellados en la carretera… Cuando llegó la pandemia el número de caminantes bajó y hasta las organizaciones que nos ayudaban se fueron, pero seguí recibiendo a algunos con todas las medidas de seguridad que me eran posibles: tapabocas que buscaba regalados, gel y lavado de manos. El número se fue bajando, pero está volviendo a crecer. Los migrantes están regresando, en los últimos días he recibido entre 80 y 100 diarios.

Me gustaría decirles a todos los colombianos que tenemos que ayudarlos, que ellos la pasan muy mal, que seamos más mesurados con el odio y la xenofobia, porque “la humanidad está por encima de la legalidad”.En los últimos tres años, a la casa de Marta Duque llegaron hasta 1.500 venezolanos en un solo día. / Archivo Particular© Proporcionado por El Espectador En los últimos tres años, a la casa de Marta Duque llegaron hasta 1.500 venezolanos en un solo día. / Archivo Particular

Coagronorte, cooperativa en Norte de Santander

Fue por iniciativa del gobierno de Alemania que Coagronorte, la cooperativa agropecuaria más grande de Norte de Santander, que agrupa a cerca de mil familias, comenzó a contratar a migrantes venezolanos y colombianos retornados. Comenzaron hace un año y hoy dicen que la experiencia ha sido satisfactoria. “Inicialmente fue difícil porque no había un marco regulatorio para poder contratarlos hasta octubre, cuando el Gobierno reglamentó el Permiso Especial de Permanencia (PEP), pero luego llegó la pandemia y los procesos fueron más lentos; los que tenían permiso no cumplían con el perfil y los que estaban en condición de irregularidad no podían acceder; pero finalmente conseguimos integrar a varios en diferentes modalidades”, cuenta Daniela Escobar, directora de Recursos Humanos de Coagronorte.

La psicóloga dice que no hubo conflictos con los trabajadores colombianos. “Ha sido una buena experiencia, se superaron todas las expectativas, son trabajadores honestos y proactivos”, agrega. En Norte de Santander hay varias empresas que decidieron darles una mano, contratándolos por temporadas en cultivos de flores, que recurren a los migrantes venezolanos en ciertas épocas del año, cuando el trabajo es alto. Lo hacen porque, dicen, “son gente que aprende rápido y es buena trabajadora”.

“La única manera de acabar con la estigmatización es visibilizar estos casos y darnos la oportunidad de dejar los prejuicios; ellos pueden aportar, solo necesitan que se los permitan”, concluyó Escobar.Marta Duque notó que el número se redujo con la pandemia, pero en las últimas semanas han empezado a llegar más caminantes venezolanos. / Archivo Particular© Proporcionado por El Espectador Marta Duque notó que el número se redujo con la pandemia, pero en las últimas semanas han empezado a llegar más caminantes venezolanos. / Archivo Particular

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