“Jamás en mi vida había recibido tanto amor de personas desconocidas como he recibido en Argentina”

“Dejas tu país pensando que será para mejor y, en la primera etapa, las cosas no son mejores. Viví cosas que jamás había vivido, como tener que dar prioridad a mis hijos a la hora de comer, porque no había suficiente para todos, o no poder dormir por el frío”, dice esta mujer, quien vino con sus dos hijos y se unió a su esposo, Félix Hernández, quien había emigrado un tiempo antes

EL VENEZOLANO COLOMBIA

“Jamás en mi vida había recibido tanto amor de personas desconocidas como he recibido en Argentina”, cuenta Claudina Noriega, una psicóloga proveniente de Caracas que se radicó en Buenos Aires en 2018. Ella agradece la acogida de este país a cientos de miles de venezolanos, que sin embargo tienen un camino lleno de obstáculos para insertarse laboralmente y salir adelante.

“Dejas tu país pensando que será para mejor y, en la primera etapa, las cosas no son mejores. Viví cosas que jamás había vivido, como tener que dar prioridad a mis hijos a la hora de comer, porque no había suficiente para todos, o no poder dormir por el frío”, dice esta mujer, quien vino con sus dos hijos y se unió a su esposo, Félix Hernández, quien había emigrado un tiempo antes.

80 % de los cuales fueron recibidos por otras naciones de la región

La crisis de migración más grande de la historia de América Latina ha provocado la salida de más de 5,6 millones de venezolanos de su país, 80 % de los cuales fueron recibidos por otras naciones de la región, según datos de diferentes agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Uno de ellos es Argentina, donde viven más de 175 000 migrantes venezolanos, según los registros de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Solo 312 de ellos tienen estatus de refugiado y 3 826 son solicitantes de asilo, pero Acnur considera a todos población de su incumbencia, por su vulnerabilidad, informó a IPS en Buenos Aires Juan Carlos Murillo,  representante regional de la organización para el Sur de América Latina, que incluye también a Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay.

Acnur cuenta, de todas maneras, con muchos menos recursos de los que necesita para atender la magnitud de la cuestión. La Oficina Regional fijó su presupuesto para este año en 38,9 millones de dólares, pero tiene disponible menos de 25 por ciento de esa cifra, reveló Murillo.

NO ES FÁCIL

Argentina no es precisamente un país fácil para un inmigrante. La economía no crece desde hace 10 años y la situación social ya era delicada antes de la pandemia de covid-19, con cerca de 40 por ciento de su población bajo la línea de pobreza.

Números del Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) de 2019 indicaba que, mientras en Argentina el trabajo informal rondaba 35 por ciento de los asalariados, entre los migrantes venezolanos la proporción se acercaba a la mitad.

Los datos que analizó antes de la pandemia la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), otra agencia de la ONU, revelaban que casi 70 por ciento de los venezolanos se concentraban en cuatro ramas de actividad (industria manufacturera, comercio, construcción y servicio doméstico), las tres últimas caracterizadas por sus bajos salarios y las condiciones de contratación inestables o precarias.

LA PANDEMIA

Todo empeoró, previsiblemente, con la covid. Entre agosto de 2020 y junio de 2021, la OIM encuestó a 3718 migrantes venezolanos que solicitaron asistencia. De ellos,  61 por ciento declaró haber perdido totalmente su fuente de ingresos y 26 por ciento, de manera parcial.

“Debido a la situación de mayor vulnerabilidad hemos reestructurado nuestra estrategia, para dar respuesta mediante asistencia directa a través de la provisión de alimentos y elementos sanitarios, pero también con espacios de apoyo psicosocial, fortalecimiento y acompañamiento para emprendimientos e inserción laboral”, dijo a IPS la oficial nacional de Programas de OIM Argentina, Claudia Vázquez.

Claudina Noriega y su familia –su esposo y sus dos hijos varones, de 7 y 13 años-  estuvieron entre quienes, por la pandemia, debieron acudir a la ayuda social de OIM durante 2020.

“Mi esposo manejaba un taxi y, cuando comenzaron las restricciones de circulación, el dueño no volvió a alquilarle el auto. Por suerte, yo mantuve un ingreso como operadora social del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, en un programa de asistencia a personas en situación de calle”, cuenta ella.

Como la mayor parte de los profesionales universitarios venezolanos en Argentina, Noriega no pudo revalidar su título. Finalizó el trámite administrativo, pero para poder realizar los exámenes de convalidación en la Universidad de La Plata tendría que pagar un arancel 40 000 pesos (unos 400 dólares).

“No tengo ese dinero y si lo tuviera le daría prioridad a otras cosas, como reponer los lentes de mi hijo que se le rompieron y los necesita”, explica.

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