Las cuatro tareas urgentes para mejorar la política migratoria colombiana

La migración es un hecho y el Estado Colombiano debe estructurar acciones

EL VENEZOLANO COLOMBIA | LA SILLA VACÍA

Colombia es el mayor receptor de migrantes venezolanos. La magnitud del flujo, que inició en 2015, ha exigido que el Estado colombiano ponga en marcha distintas medidas para acogerlo.

Se ha invitado a varios expertos y expertas de la Red de Venezuela para hacer un balance de esa política migratoria con la mirada puesta en la frontera con Venezuela. Les preguntamos en qué ha acertado el Estado colombiano, y en qué ha fallado, y qué debe hacer para mejorar en lo que viene.

En esta Conversación de Coyuntura participaron María Gabriela Trompetero, investigadora de la Universidad de Bielefeld en Alemania, experta en migración venezolana en Colombia; Héctor Galeano, profesor de la Universidad del Norte especializado en política exterior colombiana; Diana Montoya, quien participó en la creación de la Gerencia de Frontera con Venezuela; Hugo Ramírez, profesor de la Universidad del Rosario y director del Semillero de Migraciones y Fronteras; Marcela Ceballos, investigadora del Instituto Pensar de la Universidad Javeriana y docente de la maestría en Estudios Críticos de las Migraciones; Mauricio Palma, investigador y quien actualmente adelanta un doctorado sobre la migración venezolana en el contexto suramericano; y Diego Chaves, consultor del Banco Mundial y académico visitante del Migration Policy Institute.

Como siempre, la conversación se rigió por la regla de no atribución, pues partimos del principio de que es más importante lo que se dijo que quién lo dijo. Estas son las tres conclusiones principales que dejó la conversación.

  1. Hay que entender que la migración llegó para quedarse

Las medidas que ha adoptado el Estado para acoger a los migrantes venezolanos partieron de la premisa de que era una ola migratoria temporal, que tarde o temprano se resolvería, y que se podía atender desde una óptica estrictamente humanitaria.

Con los años se ha hecho evidente que no es así y por eso la tarea del Estado colombiano, además de tener una vocación humanitaria fundamental para atender a los migrantes más vulnerables, debe diseñar mecanismos más estructurales para que se inserten en la sociedad y la economía.

En este sentido el Permiso Especial de Permanencia (PEP), que permite a los venezolanos permanecer en Colombia por dos años en los que pueden trabajar, estudiar y tener acceso al sistema de salud, ya está obsoleto frente a la realidad de que muchos migrantes llegaron para estar mucho más de dos años, y por lo tanto se queda corte en lo que se necesita atender e integrar a los migrantes.

  1. Tenemos que levantar mejor información para lograr que se integren mejor

El Estado ha hecho un esfuerzo por caracterizar a los migrantes que han llegado en los últimos años: hay colombianos retornados, venezolanos, población con doble nacionalidad y familias mixtas; hay migrantes pendulares (que van y vienen), otros que solo pasan por Colombia para ir a otro lado, y los que vienen buscando quedarse.

Pero falta saber más cosas como la información completa de las profesiones o habilidades que tienen, lo que ha dificultado su inserción laboral: “en Colombia hay unos 10.000, 15.000 médicos que, por ejemplo, podrían ser contratados durante la emergencia sanitaria”, dijo uno de los expertos.

En este sentido, no nos podemos quedar con los datos que ha levantado el Gobierno pues el registro oficial no tiene la información completa. 

El Estado trabaja con base en la información de los migrantes regulares (los que entran legalmente a Colombia o se han acercado de alguna manera a la institucionalidad) pero no tiene información de quienes entraron irregularmente, y por eso no sabemos cuántos y quiénes son ellos, y así la foto no está completa ni se puede entender la magnitud real del fenómeno.

Para completarla se necesita aprovechar la información valiosa que tienen varias organizaciones de la sociedad civil que han trabajado con población migrante, pues muchas de ellas han sistematizado bases de datos que hay que recopilar y cruzar para entender mejor quiénes son los migrantes.

  1. Hay que “desmadurizar” la política migratoria frente a Venezuela

Aunque la conversación fue convocada para reflexionar sobre el flujo migratorio que viene de Venezuela, varios expertos hicieron énfasis en que la pregunta por la política migratoria debe ir más allá.

Una cosa es buscar la salida de Nicolás Maduro del Palacio de Miraflores, una de las banderas diplomáticas más enfáticas del gobierno Duque y otra cosa es tener una política migratoria asertiva, que va mucho más allá de lo que ocurra con el régimen chavista en el vecino país.

De acuerdo con uno de los expertos, no atender a esta distinción ha terminado por desvirtuar la credibilidad de Colombia frente a la migración venezolana: “es un discurso incoherente (…) Incluso si no se reconoce el gobierno de Maduro, es importante que haya canales de comunicación, públicos o privados”. Y esta articulación es necesaria, no solo para atender el tema migratorio en general entre dos países que comparten una frontera tan porosa, sino también en el marco de la actual pandemia.

  1. Las falencias en la política migratoria no son nuevas

La ola migratoria desde Venezuela, que inició en 2015, reveló falencias estructurales de la política migratoria colombiana. Como lo expresó uno de los expertos, nos falta mucho desarrollo en política migratoria y en política de asilo y refugio. “La principal problemática del refugio en Colombia es que, una vez la persona solicita refugio, el proceso para recibir la decisión puede tomar hasta dos años. Durante este tiempo la persona no puede trabajar, situación que le complica su integración económica y social en el país”. Por eso, muchos migrantes venezolanos que deberían ser acogidos como refugiados han terminado por solicitar el PEP.

Colombia es firmante de distintas declaraciones de refugio: la Convención de Ginebra de 1951, el Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados de 1967, y la Declaración de Cartagena de 1984. En sintonía con estas declaraciones, hay que diseñar los mecanismos necesarios para facilitarles el proceso a los solicitantes del refugio.  

Actualmente se encuentra en trámite un proyecto de ley migratoria en el Congreso. La discusión está abierta.

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