La franquicia del bolivarianismo abre en Colombia | Antonio de la Cruz

➥ El autor es especialista en economía y petróleo y Director Ejecutivo de Inter American Trends

El domingo 19 de junio, en Colombia, el triunfo del Pacto Histórico con Gustavo Petro para la presidencia abrió en el país andino la franquicia política bolivariana que es una marca del Foro de Sao Paulo.

El éxito de la franquicia es que la toma del poder se da a través de elecciones libres, justas y competitivas –una característica de la democracia–; y una vez instalado, se implantan los mecanismos para no dejarlo.

El modelo bolivariano de “negocio” consiste en un proceso electoral “confiable”; un nuevo poder económico y poder popular; un nuevo Estado centrado en una supuesta justicia social; y un control social del pueblo y medios de comunicación.

Este nuevo proceso electoral de la franquicia buscará asegurar el triunfo del oficialismo. Para ello, van a cambiar la votación por una electrónica o similar. Así mismo, el consejo rector electoral se integrará con mayoría de rectores afines a la coalición gobernarte.

En Colombia, el debate se viene dando ya. Los tres procesos electorales (Congreso, primera y segunda vuelta presidencial) fueron unas campañas marcadas por las constantes alertas de un posible fraude.

Carolina Botero, directora de la Fundación Karisma, ha señalado que “las elecciones son un momento clave de la democracia, es responsabilidad del Estado garantizar la integridad, transparencia y secreto del voto. Desde hace años el software se integró al proceso y se ha hecho a través de tercerizaciones que se contratan para cada elección. La contratación que se ha hecho engloba todo: logística, infraestructura, software. Y abarca todo para cualquier proceso, por eso decimos que las elecciones están tercerizadas”.

Por lo tanto, Petro, el franquiciante, buscará tener el software electoral propio requerido por la franquicia política bolivariana.

Una práctica fundamental de la marca Foro de Sao Paulo es el establecimiento de una nueva burguesía. Para ello, debe acabar con los capitales que subvencionan o apoyan a los partidos tradicionales opositores. La instrumentalización es a través de la estatización o expropiación del campo y la toma de la dirección de las industrias básicas.

En la noche que Petro obtuvo el triunfo resaltó: «Vamos a desarrollar el capitalismo [léase la nueva burguesía] en Colombia, (…) tenemos que superar la premodernidad en Colombia, el feudalismo y los nuevos esclavismos”. Y ha sostenido que “buscará una reforma agraria para la transformación del campo en clave productiva y de justicia social y ambiental”.

Además, si las estructuras gremiales existentes no se adaptan a la hegemonía del partido único, la franquicia política las sustituye por organizaciones paralelas que permiten mostrar el diálogo social tripartito (gobierno, empleadores y trabajadores).

En la franquicia bolivariana, la “nueva burguesía”, conocida como la boliburguesía, se ha desarrollado capturando el Estado para su beneficio personal, a través de la corrupción y de las actividades ilícitas.

Un eje clave de la franquicia es el desarrollo del poder popular. Necesario para enfrentar las protestas antigubernamentales que surgirán de la implantación del nuevo Estado centrado en una supuesta justicia social. Además, le permite cambiar el uso de las fuerzas públicas, como el mecanismo de control de las demostraciones, por la de una confrontación de pueblo contra pueblo. Así evita ser acusado de crímenes de lesa humanidad. Surgen los colectivos que defienden el nuevo orden establecido.

En el caso de Colombia, Petro busca alcanzar la “justicia social” mediante una reforma tributaria que golpea directamente a los mayores patrimonios y a los colombianos que hoy tienen más ingresos. “La idea es que la paguen los 4.000 o 5.000 colombianos más ricos, los que más beneficios han tenido en nuestra nación”, anunció.

Para asegurar los sucesivos triunfos electorales, el control social de la población y de los medios de comunicación es fundamental. Para ello, las misiones sociales integradas por personal de la salud, educación, deportes atienden los sectores populares, históricamente marginados o excluidos de la prestación de servicios sanitarios, educativos y deportivos. Además de hacer labores de inteligencia, conociendo el clima social y las actividades de los dirigentes opositores en esas zonas.

Desde el inicio, la nueva narrativa del ideario del Pacto Histórico asegura que los datos objetivos de la administración de Petro tienen menos importancia para sus seguidores que las opiniones y emociones que suscita. Inicia el proceso de la relación líder-pueblo, por lo que los medios independientes son neutralizados ―comprándolos― y si no puede, se llega al punto de aniquilarlos para sacarlos de circulación.

La paz es la base para blanquear las actividades del crimen organizado. En el caso de Colombia, existen redes internacionales por la cocaína. Si Morena en México es el brazo político del crimen organizado, en Colombia es el Pacto Histórico―“habrían ofrecido a criminales en las cárceles que no los extraditarían [a Estados Unidos] (…) por la propuesta de “perdón social”―.

La sociedad colombiana debe actuar con unidad de propósito y mando desde ya para que la franquicia adquirida por Petro no tenga éxito. De lo contrario, la franquicia política del bolivarianismo volverá a expandirse por la región. Por ahora, abrió en Colombia.

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