Coronavirus: La mirada positiva al encierro de un contagiado

• Juan David Sánchez aprovecha el tiempo atendiendo mensajes, llamadas y aprendiendo a cocinar

“Hoy es mi noveno día de aislamiento completo. No he tenido tiempo, porque todo el día me la paso ocupado”. Así comienza a contar su historia de confinamiento Juan David Sánchez, el concejal del municipio de Cajicá, Cundinamarca, y quien en un viaje al Cairo, Egipto, con escala de regreso en Madrid (España), se contagió del covid-19, que tiene atemorizado al planeta y a todo Colombia en cuarentena.

Su encerramiento, a diferencia de lo que muchos pueden pensar, no ha sido aburrido ni motivo para sentir desespero por salir a la calle. Por el contrario, esos 9 días han sido muy ocupados, divertidos, de vivir cada momento, de aprender, de conocer a muchas personas y de reencontrarse con viejos amigos… en fin, el aislamiento le cambió la vida, y lo hizo para bien.

“Todos somos susceptibles, este es un momento en el cual el destino de cientos de personas está en nuestras manos. Pongámonos en los zapatos del otro y construyamos, aquí tenemos el reto”, dice desde el cuarto de estudio donde ahora pasa la mayor parte del tiempo.

Desde que llegó al país, al aeropuerto El Dorado, Juan David informó a las autoridades de su viaje. Eran las 6:40 de la tarde del viernes 13 de marzo. De allí salió directo a su apartamento en Cajicá, donde se encerró de manera preventiva.

Pero al día siguiente, al amanecer, no se sentía bien. Nada era normal. “Me desperté con un agotamiento, un cansancio extremo, como si hubiera hecho ejercicio durante 10 horas seguidas, y un dolor de cabeza impresionante”, cuenta que esa fue la señal de alerta.

Por su mente rondaba la idea de que podía estar contagiado de coronavirus. De una vez llamó a su EPS y advirtió los síntomas. También se reportó con el hospital del municipio y dijo que necesitaba que le hicieran seguimiento.

Solo hasta el lunes en la mañana lo visitaron de la EPS. Para ese momento ya habían ido del hospital. Lo valoraron y lo pusieron en la lista de potenciales contagiados. Dos días después, a través de una llamada de la Gobernación de Cundinamarca, le confirmaron que el examen salió positivo. Tiene coronavirus.

“Me enteré a las 8:20 de la mañana del miércoles. A las 8:30 sale la comunicación del Ministerio de Salud donde aparece que dos personas de Cajicá tenían coronavirus, y a las 8:50 todos en el municipio decían que yo era el infectado”, recuerda el concejal, quien ha permanecido encerrado en su casa, sin tener que ir a un centro de salud. Todo lo ha manejado con acetaminofén y loratadina.

Todos somos susceptibles, este es un momento en el cual el destino de cientos de personas está en nuestras manos.

Juan David tiene 32 años, es hijo único, vive solo en un apartamento y su mamá, quien es madre cabeza de familia y a quien no ha visto desde antes de emprender el viaje al Cairo, se encuentra en una finca en Boyacá. Él prefiere que así sea.

Su día comienza a las 5:30 de la mañana con una rutina de ejercicios. Vía Skype una amiga le da clases durante 45 minutos. Luego le hace una llamada a su mamá. Es la primera de tres comunicaciones que sostiene con ella en el día. Las otras son al mediodía, una vez termina el almuerzo, y cuando ya decide ir a dormir, a eso de las 10 o 11 de la noche.

No son más de cinco minutos en cada una de esas llamadas, reconoce, pero es que tampoco tiene tiempo. Se le va atendiendo mensajes en WhatsApp, llamadas y videoconferencias con personas de varias ciudades del país y del exterior.

Esa no era su rutina antes del coronavirus y él tampoco le dedicaba tanto tiempo a la tecnología. Sus días se iban asistiendo a las sesiones del concejo, al que llegó el primero de enero, como primer cabildante gay, junto a otras 12 personas, y luego las asesorías particulares y los temas de la Fundación She Is, que trabaja programas de empoderamiento económico de mujeres, de la cual es su director de proyectos.

“Mi agenda se ha triplicado ahora”, dice riéndose porque aún no cree que su vida haya cambiado radicalmente. Su teléfono le indica que tiene una llamada en espera y él recuerda que en pocos minutos debe volver al computador porque tiene programada otra videoconferencia.

“Me propuse tener contacto diario con 10 personas que no veo en los últimos 5 años. He tenido llamadas, videollamadas y muchísimos compañeros de la escuela me han contactado”, dice, y reconoce que esos encuentros, aunque a distancia, son una de las cosas que más está disfrutando.

Me propuse tener contacto diario con 10 personas que no veo en los últimos 5 años.

Son momentos de recordar viejas épocas, anécdotas y de volver a saber de la vida de sus compañeros y de sus profesores del colegio o incluso de los de primaria, como su maestra de sociales entre quinto y séptimo grado en el Pompilio Martínez.

Su encierro tampoco ha sido una barrera para seguir en contacto con 27 mujeres de América Latina y el Caribe que, como él, asistieron al Foro Económico de la Mujer que se realizó en el Cairo entre el 4 y el 10 de marzo. Allí, este joven concejal recibió el premio Líder icónico para el cambio de la humanidad.

Con ellas se ha mantenido en contacto y en esas conversaciones hablan de la situación de sus países y comparten información, y hasta le sirvió para confirmar que de todo el grupo, él es el único contagiado. “Yo veo todo esto como una oportunidad. Son pruebas, y el universo y Dios nos pone pruebas que podemos afrontar”, dice, y luego hace una invitación a cuidar a los jóvenes y proteger a las personas mayores.

En medio de llamadas y videoconferencias, el concejal saca tiempo incluso para preparar su desayuno, su almuerzo o su cena. La cocina nunca lo entusiasmó y por eso, como dicen popularmente, se le quema hasta el agua. Pero las redes sociales y la internet han sido sus grandes aliadas.

Allí consigue recetas, pero ejecutarlas no ha sido una tarea fácil. Tal vez lo más complicado de su aislamiento ha sido aprender a pelar papas o hacerse unas papas a la francesa para acompañar con una carne y una ensalada. “Ha sido complejo hacer la comida que me gusta. Me ha tocado preguntar cómo se pela una papa. Soy surdo y cuando pelaba una papa me quedaba todo el hollejo. Una simple pregunta en Facebook sobre el tema me generó como 150 respuestas”, cuenta.

Y cuando se ha decidido explorar platos más elaborados busca las recetas en Youtube. Así fue como se aventuró, con muy poco conocimiento, con la cocina peruana e incluso una fusión con la oriental. Emocionado con esta nueva faceta de su encierro, cuenta que no le fue mal en su intento.

“No fue complicada la prueba. Hice ceviche, un plato básico, y salió”, dice Juan David mientras tose, y luego afirma: “La gente lo ve a uno sonriendo, pero esto es doloroso, te cierra las vías respiratorias y sientes que te ahogas. Esta vaina es complicada”.

El cajiqueño está muy agradecido por la solidaridad que ha recibido en su pueblo. Pues mientras muchos en su condición han preferido ocultarse de todo el mundo y no decir que son portadores de coronavirus, él lo ha manifestado abiertamente así como lo ha hecho con sexualidad, y, sin proponérselo, se ha vuelto un personaje más público de lo que ya era.

La gente lo ve a uno sonriendo, pero esto es doloroso, te cierra las vías respiratorias y sientes que te ahogas. Esta vaina es complicad

“Un negocio me envió postres deliciosos y una empresa de lácteos de Cajicá, leche y jugos. La gente ha sido divina conmigo”, insiste, mientras observa por la ventana de su apartamento, desde donde, dice, nadie lo ve pero él sí ve a mucha gente, y, además, tiene una increíble vista, por una lado una zona de bosque y por el otro, un sector del pueblo que está rodeado de varias entidades.

Todo ese ambiente en el que pasa el encierro sin duda le ha ayudado a Juan David Sánchez a mantenerse activo y su ánimo elevado, pero sobre todo en tener mucha confianza en su recuperación y a pensar que cuando salga del coronavirus va a tener como bandera que la “salud es un derecho de todas y todos” y que se debe trabajar más por la prevención para que cuando se vuelva a presentar una epidemia “no nos coja con las manos abajo”.

El Venezolano Colombia/El Tiempo

Nota relacionada:

‘Me siento como un bicho raro’: habla colombiana con coronavirus

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad